El árbol de la esperanza nace allí en
el corazón,
Es el que despierta el son y enseña
con alegría;
Es el sueño más sublime que nos regala
la savia,
Es el pan de la armonía que siempre da
la razón.
II
Tengo que ver mi canción en el alma
que me inspira,
Hablo de la sinfonía de una rosa o de
una la flor,
Lo digo con el fervor y la fuerza de
la cría,
Que un día en melancolía se me abrió
con gran pasión.
III
Qué alguien venga y me diga y yo le
replicaré,
Que en está vida es la fe la esperanza
más gloriosa,
Para acercarme yo a ti, por siempre hermosa mujer,
Y así poder entender lo grande que es
el amor.
IV
Se que no soy buen hablante y tampoco
se escribir,
Sólo te puedo enseñar, al mirarte con mis ojos,
Ellos reflejan mi antojo como semilla
naciente,
Que en tu belleza ferviente existe ese
hermoso ser.
V
¡Y si una vez tu pensaste!, en
conseguirte a un buen hombre,
Pídele a Dios que me nombre seré yo tu
amante fiel,
Soy sincero y cariñoso, amoroso y muy
cumplido,
Quizás seré yo un creído, ¡pero te amo! hermosa mujer.
Servio Tulio Ochoa
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